El agua estaba fantástica. Su transparencia era increíble, casi parecía que estuviese flotando. El ocaso inundaba el cielo e iba apagando la tenue luz del Sol. Salí del agua al ya estar tan arrugado cual uva pasa, arribé a mi casa empapado y descalzo, como solía cuando iba a bañarme al lago.
Desde la ventana de mi cabaña se podían contemplar las maravillosas vistas que el cielo me ofrecía en todo momento del día o de la noche; las estrellas se asemejan con las campanillas del campo agrupadas todas juntas; la luna, armoniosa conjunto a sus hermanas las estrellas refleja tal brillo que el lago de noche parece ser de color blanco.
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